Reseña - Mickey 17


Después de entregarnos una historia tan sublime como la multipremiada Parásitos, Bong Joon-ho regresa con un largometraje que retoma todas esas obsesiones que han caracterizado a su filmografía, dejando además evidencia de una enorme fidelidad hacia su propio arte como pocos directores de cine lo han hecho. Es así como Mickey 17 se apoya en la ciencia ficción más delirante para presentar una divertida sátira social que destaca por su arriesgada rareza, pero que se disfruta bastante debido a esa mirada tan humana del cineasta surcoreano.



Mickey 17 nos muestra a un perdedor que intenta escapar del planeta Tierra y quien se enlista en un programa espacial para colonizar otros mundos. Su misión es experimentar los mayores riesgos y de ese modo asegurar la subsistencia de la humanidad en el espacio exterior. Los objetivos son letales, pero implican una resurrección desde la clonación después de cada dolorosa muerte para que Mickey Barnes pueda continuar con su desafortunado trabajo.



Uno de los aciertos más grandes de Mickey 17 es su enorme protagonista, un Robert Pattinson desatado que sigue sorprendiendo por su versatilidad. En esta ocasión interpreta a varias versiones de sí mismo y es sorprendente cómo nos presenta a un personaje torpe, tímido e incluso con un tono de voz que le da cierto patetismo, para luego cambiar completamente su semblante y volverse un psicópata con miradas aterradoras. Sigo sin creer que aún exista gente que rechaza el trabajo de este intérprete británico cuando nos ha demostrado desde hace más de diez películas que es uno de los grandes actores de nuestra generación.



La cinta tiene ecos de trabajos previos como El Expreso del Miedo y Okja. Sin embargo, se mueve a través de diversos tonos para poner sobre la mesa temáticas como la explotación laboral, la rapacidad del hombre o las tragedias ecológicas. Un relato lleno de clones reflexionando sobre su existencia, villanos de caricatura, dilemas morales sobre el uso de la tecnología y relaciones sentimentales intergalácticas. La más reciente película del también director de Memories of Murder no sólo resulta genuina, sino que también ofrece un entretenimiento fuera de los estándares hollywoodenses.



Diego Rodmor es literato, cinéfilo y geek empedernido. Estudió Lingüística y Literatura Hispánica y se ha desempeñado como editor, gestor cultural y curador de ferias del libro y festivales de cine. Hace crítica cinematográfica en diversos medios impresos, virtuales y visuales. También encabeza la casa productora Celuloide Films que apoya proyectos audiovisuales del género fantástico. 

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