Reseña - Exterminio: El Templo de Huesos


Me parece extraordinario lo que están haciendo con la franquicia de Exterminio. Y es que la cuarta entrega de esta saga de infectados es una joya contemporánea del subgénero zombie que viene a complementar todo lo que Danny Boyle y Alex Garland han hecho a lo largo de cada una de estas películas llenas del más violento realismo. Ahora con Exterminio: El Templo de Huesos, la extraordinaria cineasta Nia DaCosta toma la batuta de la dirección y nos entrega una mirada mucho más íntima pero al mismo tiempo una verdadera locura en donde se explora de forma estupenda a personajes que han perdido la cordura en un mundo abandonado desde hace veintiocho años.

Exterminio: El Templo de Huesos inicia donde finalizó la entrega anterior y a lo largo de su metraje nos hace comprender de forma sublime toda la bizarrez que significó el final de Exterminio: La Evolución. En esta ocasión, estamos ante un largometraje centrado en sus brillantes personajes. Por un lado están los Jimmys, un culto satánico integrado por un puñado de individuos desequilibrados que están obsesionados con los Teletubbies y quienes son liderados por Sir Lord Jimmy Crystal -un Jack O'Connell soberbio-. Ellos han integrado a su secta al pequeño Spike. Por otro lado, seguimos al Doctor Ian Kelson -un majestuoso Ralph Fiennes- en su búsqueda por encontrar alguna cura para la infección mientras trata de aferrarse a la poca humanidad que habita ese mundo desolado, escuchando vinilos antiguos, disfrutando de los colores del cielo y continuando con sus rituales hacia los muertos. Por último tenemos a Sansón, un infectado que además es Alpha y quien entabla una escabrosa pero significativa relación con el Doctor, haciéndonos testigos de todas las sensaciones y percepciones de los infectados.

El resultado es grandioso, un trabajo que no deja de reinventarse, mucho más contemplativo pero con un trasfondo brillante en donde vemos a seres humanos abandonados que intentan aferrarse a sus dogmas -algunos firmes creyentes de Satanás, otros de que la vida aún tiene sentido- para descubrir el horror de que en realidad están solos y que hasta Dios y el Diablo se han olvidado de ellos. Una película llena de la violencia más brutal, con ecos a obras como La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick o Día de los Muertos de George A. Romero. Nia DaCosta está estupenda como directora y combina a la perfección su estilo con el toque de Danny Boyle. Además, la pluma de Alex Garland me parece magnífica y eso le suma bastantes puntos a este filme con vibras a la primera cinta de Exterminio para que no termine convirtiéndose en una simple The Walking Dead. Por el contrario, toma un significado más filosófico, lleno de arte en lo visual y en lo narrativo, pero sin dejar a un lado el entretenimiento más sádico. El final dejará a todos con la boca abierta y esperando con ansias la quinta y última entrega de la franquicia.


Diego Rodmor es literato, cinéfilo y geek empedernido. Estudió Lingüística y Literatura Hispánica y se ha desempeñado como editor, gestor cultural y curador de ferias del libro y festivales de cine. Hace crítica cinematográfica en diversos medios impresos, virtuales y visuales. También encabeza la casa productora Celuloide Films que apoya proyectos audiovisuales del género fantástico.

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