Reseña - Proyecto Fin del Mundo


Mucho se ha dicho ya sobre Proyecto Fin del Mundo. Desde quejas absurdas alrededor de su historia palomera que por supuesto vienen de esos individuos arrogantes incapaces de disfrutar alguna película, hasta elogios exagerados en donde cinéfilos animosos la colocan de forma arrojada como una verdadera obra maestra contemporánea. Creo que lo conveniente sería decir que estamos ante una feel good movie que se disfruta bastante en la pantalla más grande, cuya vibra del cine de Pixar es capaz de atrapar a cualquiera y la cual además juega con los interesantes temas del espacio exterior a través de la mirada de un antihéroe con el que se empatiza de inmediato.

El más reciente blockbuster del que todos están hablando es justo eso, un largometraje palomero que tiene todos los ingredientes de aquellos taquillazos que en un inicio nos entregaron Steven Spielberg o George Lucas. Y es que Proyecto Fin del Mundo es una de esas películas que funcionan de forma perfecta para olvidarnos de la realidad durante un par de horas y salir de la sala de cine con una sonrisa en el rostro. Me parece importante también mencionar que los directores de este trabajo son los mismos que hicieron Lluvia de Hamburguesas, Comando Especial, La Gran Aventura Lego y Spiderman: Un Nuevo Universo, pues creo que a lo largo de su filmografía tanto Phil Lord como Christopher Miller no han tenido ninguna otra pretensión más que la de entretener y con este trabajo lo demuestran de nueva cuenta.

La cinta es una experiencia que vuelve a recalcar una realidad esperanzadora capaz de callarle la boca a los más pesimistas: el cine como ritual dentro de una sala llena de desconocidos está lejos de extinguirse. También comprueba que aún hay vida inteligente más allá de las películas de superhéroes, las infinitas secuelas o los universos cinematográficos. Un largometraje que adapta su historia de la mejor forma para conquistar la taquilla a través de algo que parecía perdido: la magia del cine. No me pareció una obra maestra, pero sí un ejemplo digno de que la cartelera comercial todavía puede ofrecer experiencias palomeras de calidad, pues un filme de este estilo debe ser como una vuelta por la montaña rusa y Proyecto Fin del Mundo es un verdadero sube y baja de emociones que además tiene a un Ryan Gosling capaz de llevar sobre sus hombros el enorme peso del metraje.

Diego Rodmor es literato, cinéfilo y geek empedernido. Estudió Lingüística y Literatura Hispánica y se ha desempeñado como editor, gestor cultural y curador de ferias del libro y festivales de cine. Hace crítica cinematográfica en diversos medios impresos, virtuales y visuales. También encabeza la casa productora Celuloide Films que apoya proyectos audiovisuales del género fantástico.

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